jueves, noviembre 05, 2009

La civilización egipcia

Si situamos Egipto en el mapa, podremos darnos cuenta de que, geográficamente, es una continuación del gran desierto africano, pero Egipto está recorrido, de Sur a Norte, por un caudaloso río, el Nilo, que desemboca en el Mediterráneo formando un gran delta. El valle del Nilo es, pues, como un largo oasis que atraviesa el desierto y donde encontramos una civilización histórica muy antigua.
Hacia el año 3000 a. de J.C., un faraón llamado Menes unificó todo el territorio egipcio y estableció la capital en Menfis, allí donde se incia el delta. A partir de este momento se desarrolló una civilización egipcia plenamente histórica, pues tenemos muchos documentos escritos que, junto con los restos arqueológicos, nos permiten conocer muy bien la historia de Egipto.
Se suele dividir la historia de Egipto en tres etapas: Imperio Antiguo, Imperio Medio e Imperio Nuevo. Independientemente de las vicisitudes políticas, encontramos en Egipto, a lo largo de su historia, unas características culturales y artísticas que perduran a través de los siglos, hasta que Egipto es conquistado por los romanos en el siglo I a. de J.C. Es decir, a lo largo de 3.000 años hay muy pocas variaciones en la civilización egipcia.
Conocemos muy bien la historia de Egipto gracias a la multitud de documentos escritos que han llegado hasta nosotros, bien sean inscripciones en las paredes de tumbas o templos, bien sean documentos escritos sobre papiros (especie de papel hecho con el tallo de una planta del Nilo). La escritura egipcia es jeroglífica: cada signo representa una palabra o una idea, no son signos fonéticos como en nuestra escritura. Fue descifrada a principios del siglo XIX por el sabio francés Champollion.
La religión desempeña un papel muy importante en la vida de los egipcios. Era una religión politeísta y los dioses más importantes eran: Ra, el sol en plena fuerza; Osiris, el sol poniente; Isis, la luna, y Amón, dios de Tebas, ciudad que fue capital de Egipto durante mucho tiempo. Se daba el culto a los dioses en templos grandiosos, entre los cuales destacan los de Karnak y Luxor, en las cercanías de Tebas.
Los egipcios creían en la vida de ultratumba y consideraban que para que el alma (bha) del difunto pudiera sobrevivir eternamente era preciso que se conservara su cuerpo. Por ello, aprendieron a embalsamar los cadáveres y depositaban las momias en tumbas, junto con objetos personales del difunto. Las tumbas más grandiosas son las pirámides, construidas en las cercanías de Menfis por tres faraones del Imperio Antiguo, Khufu, Khafra y Menkaura. Más moderna, del Imperio Nuevo, es la tumba del faraón Tutankamon, en las cercanías de Tebas, que es la única que ha llegado intacta a manos de los arqueólogos y en la que se han encontrado objetos artísticos de gran valor.
En la cúspide de la sociedad egipcia se encontraba el faraón, monarca absoluto, al que se consideraba un dios viviente y era dueño de todas las tierras de Egipto y jefe de los ejércitos. Rodeaba al faraón una corte de nobles, sacerdotes y funcionarios, que cooperaban en el gobierno del país. Pero la inmensa mayoría de los habitantes de Egipto eran campesinos, que cultivaban las tierras de los señores y llevaban una vida miserable.
(Para profundizar en el tema podéis seguir nuestro artículo 'Egipto Antiguo' elaborado para Revista Caos. Y para nuestros estudiantes no olvidéis que durante los fines de semana del presente mes ofrecemos en el auditorio universitario -especialmente acondicionado para tan importante ocasión- varias charlas sobre 'Las civilizaciones imperiales del Mundo Antiguo' con impresionantes exposiciones. Además, contaremos con la presencia de varios amigos -destacados profesores estadounidenses, españoles, de varios países de Hispanoamérica y arqueólogos de renombrado prestigio internacional (la lista completa -por fechas- aparece en los carteles informativos que se han colocado por toda la Universidad). Podéis pasar por secretaría o mi despacho para recoger invitaciones personales -no más de una para acudir con personas ajenas al campus-, y venid preparados para disfrutar del tema a fondo porque va a ser magnífico. Gracias.)

viernes, enero 02, 2009

Los albores de la Historia

Se llama Prehistoria al larguísimo período de la historia de la Humanidad que transcurre entre la aparición del hombre sobre la Tierra y los primeros documentos escritos.
La duración de la Prehistoria no es la misma para todos los países, pues mientras en algunos lugares de Asia ya se conocía la escritura unos 5.000 años a. de J.C., en la Península Ibérica, por ejemplo, no se llega a conocer hasta unos pocos cientos de años antes de Jesucristo. Y algunas tribus africanas o amazónicas actuales todavía no saben escribir: aún se encuentran en plena Prehistoria. Así, algunos términos como 'Edad de Piedra', 'Mesolítico', 'Neolítico', etc., no tienen un significado cronológico preciso, sino que se refieren a diferentes etapas de la civilización humana, que surgieron más temprano en algunas regiones y más tarde en otras.
El primer problema que se nos puede plantear al estudiar la Prehistoria es: ¿cómo sabemos de los hombres prehistóricos si no sabían escribir y, por tanto, no nos han dejado ningún documento escrito? Podemos estudiar la vida del hombre prehistórico mediante restos materiales que han llegado hasta nosotros sepultados en las cuevas o poblados donde vivieron, y que se denominan yacimientos. Piensa en la multitud de restos y objetos de todo tipo que pueden servir para este estudio: huesos humanos y de animales, utensilios de piedra o metal, armas, vasijas, pinturas, joyas. Para estructurar este largo período de la vida del hombre los prehistoriadores recurrieron, en primer lugar, al material con que se realizaban los objetos; y así surgió una primera división de la Prehistoria en Edad de la Piedra y Edad de los Metales. Pronto se dieron cuenta los prehistoriadores de que los utensilios de piedra se presentaban de dos maneras: de piedra tallada, que eran los más antiguos, y de piedra pulimentada.
A partir del año 10.000 a. de C., el progreso varió profundamente en las diferentes regiones de la Tierra, y por eso es imposible fijar el comienzo de la Edad de los Metales en tal o cual fecha, ya que no sobrevino de golpe en todo el mundo habitado. Es así como la Edad de Hierro se inicia en Asia Menor alrededor del año 1.200 a. de C.; en Italia, en el año 1.000 a. de C.; en China, en el 700 a. de C.; en Japón, en el siglo II de nuestra era; y en las islas Fiji, por ejemplo, en el año 1872, hace poco más de un siglo. Esto explicaría por qué se suele fijar el comienzo del Neolítico y la aparición de la agricultura en el año 5.000 a. de C., pese a que ya veinte siglos antes un pueblo agrícola vivía de forma sedentaria en las cavernas del Monte Carmelo, en Wadi-el-Natuf, en Palestina. Dos milenios antes de tiempo, por decirlo así, los habitantes de las cavernas de Natuf usaban hoces de sílice pulida con mango de hueso para segar, habían domesticado al perro y utilizaban recipientes y morteros de piedra. Por otra parte, los arqueólogos descubrieron una aldea en Jarmo, en las vertientes meridionales de los montes de Kurdistán, en Irak. Quince siglos antes de la fecha aceptada generalmente como el comienzo de la domesticación de otros animales al margen del perro, los habitantes de Jarmo vivían en una aldea de chozas de barro, poseían cabras, cerdos y ovejas domesticados y cercaban sus tierras: por otro lado, sus instrumentos eran de piedra tosca y no pulida, correspondiendo así a una cultura anterior al Neolítico. Aunque tal vez el descubrimiento más asombroso, y el mejor destinado a hacernos comprender que dentro del devenir histórico siempre surgieron islas de civilización que se adelantaron a su época, fue el que realizaron los arqueólogos en el año 1956, al descubrir a los pies de la antigua y bellísima ciudad de Jericó una completa ciudad con casas de piedra, calles empedradas, habitaciones alhajadas con muebles de madera y lujosos santuarios, que data del año 9.000 a. de C. Los dos mil habitantes de esa antiquísima urbe se habían anticipado en varios milenios al nivel
cultural de su tiempo, pero ignoraban la alfarería, típica de los comienzos del Neolítico. Sin embargo, poseían una religión compleja, en la cual se adoraban cráneos humanos, y realizaban intercambio comercial con otros pueblos que han desaparecido sin dejar huella: entre las ruinas se encontraron turquesas, conchas marinas y piedras labradas correspondientes a zonas lejanas, donde hace 11.000 años tienen que haber existido focos de civilización de los cuales no tenemos ninguna noticia.
La cultura Neolítica con todas su características, agricultura, domesticación de animales, alfarería, uso de textiles, llegó al valle del Nilo hace cosa de sesenta siglos. Una vasija del año 4.400 a. de C. nos muestra un telar idéntico al que se usó hasta la invención de los telares automáticos en el siglo XIX; las fibras de lino, la lana de los rebaños de ovejas se transformaba en telas que eran teñidas y estampadas. Con otras fibras se fabricaban redes, canastos, bolsas. Los rebaños eran a menudo objeto de asalto: por consiguiente, fue necesario perfeccionar las armas y dedicarlas no a la caza de animales, sino a la defensa de la propiedad amenazada. En ocasiones, el ladrón no era muerto, sino capturado: pagaba su delito entregando su vida y sus fuerzas al servicio del ofendido. Junto a la propiedad privada nacía la esclavitud. Plantar y cosechar, antes tarea de mujeres, se convirtió en labor varonil: ahora la tierra proporcionaba alimento y riquezas. La irregularidad del tiempo hizo que espíritus prudentes planearan guardar los excedentes de un año de buenas cosechas, para prevenir una sequía o una inundación futura: nacieron los graneros. Las periódicas salidas de agua del Nilo que cubrían sus márgenes de un limo fertilizante comenzaron a ser observadas y contabilizadas: apareció el calendario, y con él la división del tiempo en años y meses y las primeras observaciones astronómicas. Mientras los valles del Nilo y de la Mesopotamia servían de escenario de un acelerado desarrollo que pronto conduciría a la invención de la escritura, numerosos pueblos dispersos en los cinco continentes continuaban llevando una vida similar a la que llevaran sus antepasados durante los incontables milenios paleolíticos: sociedades nómadas en las que el hombre cazaba y la mujer recogía frutos silvestres. Hasta hoy, hay sociedades que se encuentran todavía en esa etapa de la evolución: los esquimales, los aborígenes australianos, los pigmeos del Africa Central, los habitantes de las islas Andamán, los onas de Tierra del Fuego. Estos últimos, que habitan los canales de la Patagonia austral desde 9.000 a. de C., ni siquiera usan vasijas para cocinar: asan su alimento sobre un fuego abierto, como lo hiciera el Hombre de Neanderthal hace casi cien mil años. Pero mientras el progreso se detiene en algunos rincones del globo, en otros se anticipa. Sumeria, la vieja capital del fértil valle iraquí, vivió en 3.500 a. de C. una verdadera revolución, de la cual nadie, ni sus propios habitantes, se dieron cuenta. Un desconocido peón discurrió colocar una rueda bajo la carga que arrastraba mediante cables de fibra vegetal: el roce desapareció, inventándose una de las bases de la civilización moderna. Pero nadie pareció captar la importancia de la rueda; que sólo sería conocida fuera de Mesopotamia, en la tierra de los faraones, veinte siglos más tarde, alrededor del año 1.650 a. de C. La escritura cuneiforme, sin embargo, inventada en el mismo período, fue rápidamente imitada y los sacerdotes del valle del Nilo idearon los jeroglíficos. El hombre registraba sus pensamientos, sus ideas, su historia, en trozos de piedras indestructibles: después de un millón de años de oscuridad arribaba la luz. Y con ella, una nueva serie de inventos que transformarían el rostro de la Tierra y la vida de sus habitantes.

domingo, noviembre 16, 2008

Grecia arcaica

La civilización de la Grecia clásica constituye una de las fuentes básicas de la civilización occidental. En Grecia nacieron, por citar sólo algunos de sus logros más espectaculares, la democracia, el pensamiento filosófico y el teatro. Pero esta civilización se desarrolló a lo largo de muchos siglos. De ahí la necesidad de establecer una periodización: época arcaica, época clásica (período muy breve, los siglos V y IV a. de C., pero de máximo florecimiento) y época helenística (consecutiva a la creación del imperio universal de Alejandro). Salvo en esta última etapa, nunca hubo unidad política entre los griegos, pero desde muy temprano tuvieron conciencia de pertenecer a una misma cultura, pues hablaban la misma lengua y tenían las mismas creencias religiosas.

Puerta de los Leones

LA "ÉPOCA HOMÉRICA". La invasión de los aqueos, a mediados del segundo milenio a. de C., dio lugar al nacimiento de la denominada civilización micénica (nombre que deriva de Micenas, su principal ciudad. -En la imagen izquierda: Puerta de los Leones de la ciudad de Micenas, ejemplo representativo de la civilización protagonizada por los aqueos-). Después de someter a las poblaciones indígenas, los aqueos destruyeron la civilización cretense (1400 a. de C.). Pero hacia el 1200 a. de C. una nueva invasión, la de los dorios, puso fin a su vez a la civilización micénica. Los dorios poseían armas de hierro, lo que les daba una superioridad militar indiscutible. Los aqueos huyeron, estableciéndose en Asia Menor. No obstante, algunas regiones de Grecia no fueron ocupadas por los dorios (por ejemplo, el Atica, donde vivían los jonios).
El mejor testimonio para el conocimiento de la sociedad griega de los siglos que siguieron a la invasión de los dorios lo constituyen, sin duda, los poemas homéricos (la Ilíada y la Odisea, cantos de diversas épocas, recogidos más tarde por el rapsoda Homero, que narran la destrucción de Troya por los aqueos). El mundo griego, desde el punto de vista político, era un mosaico de ciudades independientes (polis). En ellas ejercía un predominio indiscutible la aristocracia. Una oligarquía de eupátridas (los bien nacidos) poseía grandes propiedades territoriales, tenía la fuerza militar (sólo ellos podían mantener un caballo y disponer de un armamento costoso) y acaparaba el poder político (después de la desaparación de los reyes, que sólo subsistieron, y con una función meramente decorativa, en algunas ciudades). Era la típica sociedad belicosa descrita por la Ilíada, en la cual la masa popular no jubaba ningún papel. Los aristócratas justificaban su predominio con el hecho de que únicamente ellos pertenecían a los genos (agrupación de todos los que descendían de un antepasado común). Pero, al parecer, los genos fueron creados artificialmente por los propios aristócratas con la finalidad de dar apariencia legal a su posición.
LAS TRANSFORMACIONES DE LOS SIGLOS VIII-VI (a de C.). Durante los siglos VIII al VI a. de C. se produjeron en el mundo griego importantes transformaciones económicas y sociales, que tuvieron inmediata repercusión, tanto en la vida política como en la espiritual. Uno de los acontecimientos más singulares de la época fue la colonización. El aumento de la población y la falta de tierra incitaron a muchos griegos a salir del país, en busca de mejores zonas de asentamiento. Así se fundaron colonias en el Mediterráneo oriental, en el sur de Italia, en Sicilia y en el Mediterráneo occidental.

Colonizaciones griega y fenicia

En las colonias, los griegos conservaban las costumbres de su metrópoli de origen, con la que mantenían estrechos lazos. (En el mapa, una muestra de las colonizaciones griega y fenicia a lo largo de la cuenca del Mar Mediterráneo.)

Moneda griega

La colonización, unida a la difusión de la moneda (en la imagen derecha: figura de Zeus en una moneda griega), que desde Lidia pasó a Grecia hacia el siglo VII a. de C., dio un gran impulso al comercio y, por tanto, a la artesanía y a la fabricación de navíos. Cobró así notable fuerza un grupo social compuesto de armadores, hombres de empresa y comerciantes, es decir, el grupo que se había beneficiado de la expansión mercantil. Esta clase social deseaba romper el monopolio político que ejercían en las polis los aristócratas. En esta batalla encontró el apoyo de los pequeños campesinos, los cuales, agobiados por las deudas, se hallaban al borde del caos. Por su parte, la difusión de armas más ligeras, que permitía a sectores más amplios de la población tener acceso al ejército, también contribuyó a atacar la base del poder oligárquico.
Estas transformaciones económicas y sociales se reflejaron rápidamente en la vida política de las polis griegas, con la única excepción de aquellas que, como Esparta, no habían participado en la colonización. La aristocracia fue perdiendo terreno, al tiempo que se configuraba un sistema de gobierno democrático. Este proceso se desarrolló en una serie de etapas. Primero aparecieron los legisladores, que redactaban la ley para que ésta no fuera un monopolio de los aristócratas. La fase siguiente fue la de los tiranos, que hicieron una política de apoyo a los humildes, aunque al final nadie soportara su autoritarismo. Pero una vez desaparecidos los tiranos, ningún obstáculo se opuso al triunfo de la democracia.
La vida del espíritu también se vio conmovida por los profundos cambios que estaba experimentando el mundo griego. Si en los primeros siglos la epopeya homérica había simbolizado los ideales del helenismo, en la época de la colonización y de la génesis de la democracia se desarrollaron nuevas formas de expresión literaria, como la lírica. Al mismo tiempo nació el teatro, que brotó de los ditirambos que se celebraban en torno al altar de Dionisos, dios del vino. Pero la gran conquista intelectual de la época arcaica fue el nacimiento de la filosofía. Los principales focos de la vida intelectual se localizan en Jonia (zona costera del Asia Menor) y la Magna Grecia (sur de Italia). Tales de Mileto insistía en el principio único, Heráclito en el cambio, Parménides en lo permanente. Lo importante es que por vez primera se había intentado una explicación del mundo aplicando la razón, y rechazando la magia y las viejas creencias supersticiosas.

lunes, octubre 20, 2008

La Reconquista en España

711 - Invasión de los musulmanes.
718 ó 722 (no se sabe con exactitud) - Se inicia la Reconquista en Covadonga.
1492 - Los Reyes Católicos terminan la Reconquista con la toma de Granada.
Estas tres fechas nos indican claramente: 1.º Que la Reconquista, o sea la lucha de los cristianos para recuperar las tierras robadas por los musulmanes, se inicia casi inmediatamente después de la invasión. 2.º Que la Reconquista es un período muy largo de la historia de España, pues comprende ocho siglos.
Y nos será fácil comprender que la Reconquista tenga una gran influencia en el desarrollo histórico de España, porque ochocientos años han tenido que dejar necesariamente una fuerte huella en las formas de vida y en la personalidad de los españoles. Podemos ver esa influencia especialmente en la cultura, en la economía y en la personalidad de las regiones.
INFLUENCIA CULTURAL. La Reconquista no es una lucha continua durante ochocientos años, pues aunque los cristianos fueron aumentando constantemente sus territorios, hubo períodos en que cristianos y musulmanes vivieron en paz. Hubo entre ellos cordiales relaciones económicas, comerciales, culturales.
Así pues, además de lucha hubo convivencia, y como el nivel científico y artístico de los musulmanes era superior al de los cristianos de aquel entonces, éstos asimilaron muchos aspectos de la ciencia, del arte, de la literatura e incluso de las costumbres musulmanas.
En esta influencia cultural tienen mucha importancia los mozárabes, pues cuando se trasladaban a las tierras del Norte, huyendo de las persecuciones o llamados por los reyes cristianos para repoblar, llevaban consigo los elementos culturales del mundo en que habían vivido.
INFLUENCIAS ECONÓMICAS. Los musulmanes influyeron notablemente en el desarrollo de la agricultura española introduciendo nuevos cultivos en la Península y se preocuparon especialmente de los regadíos. Por eso hay en el idioma castellano tantas palabras de origen árabe en relación con la agricultura. Ese desarrollo de la agricultura favoreció la economía de los reinos cristianos, ya que a medida que iban reconquistando tierras, los cristianos asimilaban las nuevas formas de cultivo. Ahora bien, el aspecto económico en que más influyó la Reconquista fue en el reparto de la propiedad agraria, que en gran parte perduró hasta prácticamente la época actual.
Al Norte del Sistema Central, la Reconquista se realizó lentamente, porque los musulmanes eran fuertes y los cristianos no podían avanzar con rapidez. Las tierras reconquistadas se repartían y poblaban poco a poco y por eso en las tierras del Norte y en Castilla y León predomina la pequeña propiedad. Pero la reconquista de la Meseta Sur y de Andalucía fue muy rápida. Los musulmanes estaban ya divididos en los reinos de Taifas y los cristianos eran lo bastante fuertes para conquistar muchas tierras en poco tiempo. Los reyes daban grandes extensiones de tierra a la Iglesia, a las Órdenes Militares y a los nobles, para que les prestaran ayuda contra los musulmanes. Así nacieron los latifundios, grandes propiedades, que en parte subsistieron durante muchísimos siglos en esas regiones.
INFLUENCIA EN LA PERSONALIDAD DE LAS REGIONES. Aunque hubo períodos de paz, la Reconquista significa una larga lucha de ocho siglos. Esta característica influyó fuertemente en el español medieval, que fue esencialmente un luchador valeroso, en especial en las zonas fronterizas, donde el hombre tenía que estar siempre dispuesto a la defensa, siempre preparado para el ataque. Surge así el "hombre de frontera", que es al mismo tiempo campesino o ganadero y guerrero.
Para comprender la gran importancia de la Reconquista en la formación de la personalidad hispánica, hay que pensar que la invasión musulmana apartó a España de Europa y durante varios siglos la historia de España fue distinta de la historia de Europa, a causa precisamente de esa actividad bélica constante que es la Reconquista.
Por ejemplo, en España puede decirse que no existió el feudalismo -de cuyos caracteres sociales ya hablamos-, porque la necesidad de repoblar las tierras reconquistadas hacía que los reyes concedieran privilegios y libertades a los repobladores y, por tanto, en la España cristiana domina el campesino libre frente a los siervos de la Europa feudal.
Además, a la Reconquista se debe la formación, siglo tras siglo, de las regiones históricas españolas. Según el mayor o menor contacto con los musulmanes, según su actuación en la Reconquista, la amplitud de las tierras que llegaran a conquistar, nacen las diferencias regionales.
LOS PRIMEROS SIGLOS DE LA RECONQUISTA. Los musulmanes nunca pudieron dominar las zonas montañosas del Norte y en ellas surgieron los núcleos de resistencia con los que se inició la Reconquista de España.

Núcleos de resistencia cristianos

El primer reino que se constituyó frente a los musulmanes fue el reino de Asturias, cuyo primer rey, un noble visigodo llamado Pelayo, venció a las tropas del emir en Covadonga. Este reino asturiano fue progresando con dificultades y muy lentamente a lo largo de los siglos VIII y IX, pero a principios del siglo X habían sido reconquistadas ya las tierras del Duero occidental y durante algún tiempo este río fue la frontera entre cristianos y musulmanes.
Mientras tanto, en la España oriental habían surgido otros dos focos reconquistadores: el reino de Navarra y la Marca Hispánica. Se llamaba Marca Hispánica a las tierras del Norte de la actual Cataluña, que fueron arrebatadas a los musulmanes por Carlomagno y divididas en condados, que estuvieron bajo el dominio de los reyes francos hasta el siglo X.

Castillo de Gormaz

LA REPOBLACIÓN DE LAS TIERRAS RECONQUISTADAS. Por lo que hemos comentado antes de la influencia de la Reconquista en la cultura y la economía, resulta obvio que era más importante la repoblación de unas tierras que la mera conquista de éstas. Ambas cosas estaban relacionadas. Cuando los cristianos conseguían reconquistar un territorio y expulsar a sus habitantes musulmanes, esas tierras quedaban despobladas durante un tiempo más o menos largo, por dos motivos principales: porque era peligroso habitarlas y porque los habitantes de la España cristiana eran muy escasos. Pero estaba claro que, mientras no se poblara el territorio reconquistado, no se podía avanzar más en la Reconquista. Al hallarse deshabitado, era una especie de "tierra de nadie" donde tanto cristianos como musulmanes realizaban correrías que la hacían aún más inhabitable. Era, pues, preciso repoblar, atraer a ellas habitantes que fundaran aldeas y ciudades, cultivaran los campos y levantaran castillos para defenderse en caso de nuevos ataques de los musulmanes. (En la imagen -superior- el Castillo de Gormaz, una impresionante fortaleza árabe construida en el siglo X en la frontera entre cristianos y musulmanes, en el Alto Duero. Por su posesión lucharon duramente los castellanos del siglo XI, tal como refleja la miniatura del Beato de la catedral de Gerona -imagen inferior-.)
El sistema de repoblación no fue siempre el mismo. Hasta el siglo XI, la Reconquista fue lenta y la repoblación se realizó también lentamente, por medio de hombres libres o de monjes, que fundaban monasterios y ponían las tierras en cultivo. Y como los habitantes de la España cristiana eran tan escasos, había que acudir muchas veces a gentes de fuera de sus fronteras para la repoblación, como los francos, que acudían de Francia y otros países europeos. Incluso en la España musulmana encontraron repobladores los reyes cristianos; eran los mozárabes, con los cuales se repobló la zona del Duero en torno a Toro y Zamora.
Esta muralla defensiva que formaban las tierras repobladas apenas sirvió durante el siglo X. Los musulmanes eran tan poderosos en tiempos de Abderrahmán III y de Almanzor que en muchas ocasiones penetraron en las tierras fronterizas repobladas y volvieron a saquearlas y arrasarlas a degüello sin piedad alguna. Entonces era preciso repoblar de nuevo.
A partir del siglo XII, la repoblación se efectúa más rápidamente y en tierras más extensas, bien por medio de los Concejos o municipios, bien por medio de las Órdenes Militares. Además, hay que tener en cuenta otro aspecto importante de la repoblación: las tierras del Norte y del Valle del Duero quedaban abandonadas por su población musulmana, pero en las tierras más ricas, en el Valle del Ebro y en la región levantina, los musulmanes no abandonaron totalmente las tierras reconquistadas. Muchos de ellos se quedaban viviendo bajo el dominio de los mucho más permisivos cristianos, conservando su religión islámica. Se les llamó mudéjares y fueron un motivo más de influencia de la cultura musulmana en los reinos cristianos.

Torre de San Martín (Teruel)

En algunas zonas los mudéjares eran tan numerosos, que prácticamente no hacía falta repoblar, porque había habitantes suficientes y los reyes se limitaban a entregar el dominio de las tierras a los grandes señores, pero éstas seguían siendo cultivadas por los campesinos musulmanes. Por ello, los mudéjares fueron especialmente agricultores, aunque también destacaron en la construcción, creando un estilo arquitectónico que recibe el nombre de estilo mudéjar.
En Aragón se conservan muchos monumentos de arte mudéjar, entre ellos la torre de San Martín, en Teruel, obra del siglo XIV (en la imagen). Como elementos característicos de la arquitectura mudéjar se puede ver que se utiliza el ladrillo como material básico y que la decoración está compuesta por una serie de paños apaisados, lazos y arcos superpuestos y entrecruzados.
La repoblación tuvo una influencia especial en el desarrollo demográfico y económico. En la demografía, porque repoblar significa aumentar la población, no sólo a base de la ya existente, sino también por la llegada de francos y mozárabes o la permanencia de los mudéjares. En el aspecto económico, repoblar significa poner en cultivo nuevas tierras y aumentar la producción agrícola. Pero, además, en la Meseta y Extremadura se dedicaron grandes extensiones de tierras a la ganadería lanar, lo que permitió un desarrollo extraordinario de esta rama de la economía. Hubo también un mayor movimiento comercial, producido precisamente por la mayor extensión de las tierras dominadas por los reyes cristianos y la fundación de numerosas ciudades.
EL AVANCE GEOGRÁFICO DE LA RECONQUISTA. Los distintos reinos cristianos realizaron la Reconquista de Norte a Sur y en franjas paralelas. Avanzando cada vez más hacia el Sur, se fueron alargando las fronteras entre los reinos cristianos. A veces surgían litigios de carácter fronterizo, que se procuraba solucionar mediante tratados, aunque había territorios disputados entre dos reinos, como la Rioja, entre Navarra y Castilla, o la Tierra de Campos, entre Castilla y León. Además, el accidentado relieve peninsular impuso unas barreras naturales, difíciles de franquear. Por eso, en una primera etapa a los cristianos les cuesta mucho salir de las zonas montañosas del Norte. Después, el Duero se convierte en territorio fronterizo durante largo tiempo, porque es difícil salvar la barrera del Sistema Central. Cuando la conquista de Toledo permita llegar más allá del Tajo, hasta el valle del Guadiana, quedará otra barrera montañosa: la de Sierra Morena, frente a la cual los cristianos se ven retenidos por algún tiempo. Y, por último, los musulmanes resisten más de dos siglos en el reino de Granada, amparándose en el abrupto relieve de esa región. Hay, además, una especie de espina dorsal que atraviesa la Península de Noroeste a Sureste: es el Sistema Ibérico, que sirvió de frontera natural entre Castilla y Aragón, impidiendo que Aragón se ensanchara hacia el Oeste y Castilla hacia el Este.
Los reinos del Oeste: Portugal, León y Castilla, avanzaban más deprisa que Aragón por el Este. Esto también tiene una explicación geográfica en parte: las tierras del Valle del Ebro, de Levante y de Andalucía eran más ricas agrícolamente que las del Centro y Oeste, y por eso los musulmanes se hicieron fuertes en ellas y resultó más difícil expulsarlos de allí. Es más, como ya se ha dicho, a medida que estas tierras eran reconquistadas no quedaban despobladas como las de la Meseta, sino que sus pobladores musulmanes permanecían en ellas, convirtiéndose en mudéjares.
A principios del siglo X, el reino de Asturias pasó a llamarse reino de León, cuando la capital fue trasladada a esta antigua población romana y se repobló el valle del Duero. Durante este siglo fueron frecuentes las luchas civiles en el reino de León, lo que motivó la falta de coherencia para poder resistir a los ataques de Abderrahmán III y de Almanzor paralizándose la Reconquista.
Mientras, en la zona oriental del reino de León, en el valle del Duero, había surgido un territorio fronterizo de gran importancia para resistir los ataques de los musulmanes desde el Valle del Ebro. Este territorio había sido fortificado con numerosos castillos, y por ello, recibió el nombre de tierra de castillos o Castilla. Estaba gobernada por condes que dependían de los reyes de León hasta que, a mediados del siglo X, el conde Fernán González se consideró bastante poderoso para separarse del dominio leonés y declarar la independencia de Castilla. A partir de entonces, el condado de Castilla demostró un ímpetu y gallardía extraordinaria en la Reconquista.
También la España oriental tuvo que soportar los ataques de Almanzor, que llegó a saquear Barcelona. En general, los condados catalanes avanzaron poco; el más importante era el de Barcelona, que se fue anexionando otros condados y rompió los últimos lazos de dependencia con los reyes francos. Y el pequeño reino de Navarra aumentó su extensión al unírsele el condado pirenaico de Aragón.
A principios del siglo XI ocurre en la España musulmana un hecho que sería trascendental para el desarrollo de la Reconquista: el Califato desaparece y surgen los reinos de Taifas. Así, divididos y debilitados, los musulmanes no pueden oponerse con tanta fuerza al empuje de los cristianos. Se inicia en este momento la segunda etapa de la Reconquista, caracterizada por las grandes conquistas cristianas.

Reconquista española

Descuella entonces el reino de Navarra, gracias a la personalidad de su rey Sancho III el Mayor, que llegó a ejercer una verdadera hegemonía sobre los demás reinos cristianos. Este rey dominó varios condados pirenaicos y unió Castilla a su corona. Su autoridad fue reconocida por los demás reyes peninsulares, y como su reinado coincidió con la decadencia del Califato de Córdoba, después de la muerte de Almanzor pudo imponerse a los musulmanes. Sancho III se preocupó también de la cultura: protegió el camino de Santiago y procuró que los monjes cluniacenses se estableciesen en sus territorios.
Al morir, Sancho III dividió las tierras que poseía entre sus hijos. Este hecho es muy importante, porque además de dejar Navarra al hijo primogénito, dejó a otros dos Castilla y Aragón, no como condados, sino con el título de reinos. Se inaugura entonces un nuevo período de la Reconquista, en el cual Castilla y Aragón llevarán la iniciativa en la lucha contra los musulmanes, mientras Navarra pierde importancia, pues no puede proseguir la Reconquista al quedar encerrada territorialmente entre Castilla y Aragón.
En cuanto al reino de León, se unió a Castilla poco después, y aunque volvieron a separarse más tarde, la unión sería definitiva ya en el siglo XIII.
La Reconquista será a partir de ahora muy rápida, porque los musulmanes estaban divididos en los reinos de Taifas. Además, los reyes cristianos les obligarán a pagar unos tributos en dinero: las parias, que contribuirán en gran manera al progreso económico de los reinos cristianos.
Nace también Portugal. Fernando I, hijo de Sancho III y primer rey de Castilla, había anexionado León y conquistado a los musulmanes tierras al Sur de Galicia. Su hijo Alfonso VI conquistó el reino de taifa de Toledo, con lo cual las tierras de León y Castilla llegaron hasta más allá del Tajo. Durante el reinado de Alfonso VI se crea el condado de Portugal, que se extendía del Miño al Tajo y pronto se convertiría en reino independiente. El reino de Portugal reconquistó una extensa franja de tierra a orillas del Atlántico y sería pronto un país de marinos y comerciantes.
Después de la conquista de Toledo por Alfonso VI, los reyes de Taifas temieron ser expulsados totalmente de la Península y pidieron ayuda contra los cristianos a los almorávides, pueblo procedente del Sáhara y recién convertido al Islamismo, que había constituido un imperio en el Norte de África.
Durante algún tiempo los almorávides dominaron en la España musulmana y vencieron en varias ocasiones a los cristianos, impidiendo el avance de la Reconquista. Los almorávides eran fanáticos mahometanos, por lo que entonces la Reconquista adquirió un carácter de guerra religiosa que no había tenido antes.
Los almorávides fueron vencidos en el Norte de África por otro pueblo musulmán, los almohades, y también estos invadieron la Península y dominaron a los musulmanes españoles.
A principios del siglo XIII el rey de Castilla Alfonso VIII quiso hacer frente a los almohades y para ello pidió ayuda a los demás reyes cristianos y al Papa. Los reyes Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra acudieron al frente de sus tropas, el Papa Inocencio III predicó cruzada y muchos caballeros europeos vinieron a la Península. Reunió así Alfonso VIII un ejército de cien mil infantes y unos diez mil caballeros, que avanzó hacia Sierra Morena, atravesó Despeñaperros y venció a los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa, en julio de 1212. Con esta victoria no sólo acabó el poder almohade en España, sino que además quedó abierto para Castilla el camino hacia el Valle del Guadalquivir, iniciándose así la última etapa de la Reconquista.
La labor realizada por Alfonso VIII permitió a su nieto Fernando III el Santo reconquistar el Valle del Guadalquivir. Fernando III había unido, ya definitivamente, las coronas de Castilla y de León y conquistó Córdoba, Jaén y la importante plaza de Sevilla, donde por primera vez aparece una importante flota de guerra en la historia de Castilla.
Su hijo Alfonso X el Sabio conquistó Murcia y, como la región levantina había sido reconquistada por Aragón, ya sólo quedaba a los musulmanes españoles el reino de Granada, que perduraría hasta el siglo XV.
Como se ha comentado, desde el siglo XI Navarra había quedado arrinconada, mientras Aragón empezaba a adquirir importancia en la Reconquista, sobre todo después de la toma de Zaragoza en 1118.
La Corona de Aragón fue avanzando en la Reconquista durante el siglo XII y al mismo tiempo se preocupa por los asuntos europeos, pues los condes de Barcelona eran dueños de importantes tierras en el Sur de Francia.
A principios del siglo XIII, reina en la Corona de Aragón Jaime I el Conquistador, contemporáneo de Fernando III. Jaime I arrebató a los musulmanes la isla de Mallorca y el rico reino de Valencia, tras largos años de lucha.

Reconquista española

Ambos reyes, Fernando III y Jaime I, firmaron el tratado de Almizra, mediante el cual decidieron qué tierras pertenecerían a Castilla y cuáles a la Corona de Aragón de las que quedaban por reconquistar en el Sureste de la Península, para evitar conflictos entre los dos.
Ya veremos en otras entradas en el blog -donde profundizaremos intensamente además en aspectos más concretos de la Reconquista- cómo a partir de entonces, Castilla casi abandona la misma, mientras la Corona de Aragón, terminada la reconquista de los territorios que le correspondían, se lanza a navegar por el Mediterráneo, y Portugal lo hacía por el Atlántico, dando nuevo rumbo a la historia de España.

domingo, octubre 12, 2008

La expansión del cristianismo

Desde los primeros tiempos del imperio se estaba difundiendo en el mundo romano una nueva religión, que iba a tener en el futuro una enorme trascendencia, el cristianismo.
LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO. La génesis del cristianismo se encuentra en la predicación de Jesús, cuya vida y cuya doctrina conocemos gracias a los Evangelios.
Jesús nació en Galilea, en el año 753 de la supuesta fundación de Roma (su fecha de nacimiento sirve de base para el cómputo de la llamada era cristiana, vigente en nuestros días). Después de una vida oscura y modesta, hacia los treinta años comenzó a recorrer Judea y Galilea, es decir, el mundo judío, en el que él había nacido, con objeto de transmitir su mensaje. En el complejo mundo espiritual judío de la época, la doctrina de Jesús aportaba ideas sustancialmente nuevas. Jesús predicaba la humildad, la caridad y el amor fraterno, y anunciaba la vida eterna. Él era el Mesías, el Hijo de Dios. Pero a diferencia del Mesías que los judíos esperaban, un Mesías triunfador que les vengaría de sus pasadas desgracias, Jesús anunciaba el juicio final, mediante un mensaje claro y sencillo, dirigido a todos los hombres y no sólo a los hebreos. Perseguido por las autoridades de la época, fue condenado a morir crucificado. Pero la noticia de su resurrección, rápidamente propagada por sus seguidores, le daba un extraordinario prestigio, pues confirmaba su naturaleza divina.
LA DIFUSIÓN INICIAL DEL CRISTIANISMO. Sus enseñanzas se difundieron con una enorme rapidez, debido al celo de sus discípulos, los apóstoles. Pedro, después de predicar entre los judíos de Palestina y de Siria, se trasladó a Roma. Tomás, al parecer, llevó la doctrina cristiana fuera de las fronteras del Imperio, llegando a la India. Pero el personaje clave en la propagación del cristianismo fue, sin duda, Pablo de Tarso. Buen conocedor de la cultura helenística, Pablo era un judío que poseía la ciudadanía romana. Ganado tardíamente al cristianismo, desarrolló una actividad infatigable como misionero en Asia Menor y en Grecia.
La nueva doctrina ganó sus adeptos principalmente en las ciudades, entre los esclavos y los artesanos. Las enseñanzas morales y la promesa de salvación eran los aspectos fundamentales de la nueva religión y la causa de su rápido éxito.
A fines del siglo II el cristianismo se extendía desde el Mediterráneo occidental hasta Egipto y Siria. Los fieles de cada comunidad local se reunían para la celebración del culto. Al frente de cada iglesia se hallaba un obispo. En un principio la Iglesia madre fue la de Jerusalén, pero después de la destrucción de la ciudad por el emperador Tito pasó a ocupar el primer puesto Roma. No obstante, el cristianismo era mal visto por el gobierno imperial, debido a su organización a base de círculos cerrados, y porque negaba el culto al emperador. Por eso, desde mediados del siglo I, arreciaron las persecuciones. Pero éstas no impidieron, en modo alguno, el progreso de la nueva religión.

Expansión del cristianismo en sus primeros siglos con un claro peso de la zona oriental del Mediterráneo

EL CRISTIANISMO DESPUÉS DEL EDICTO DE MILÁN. El panorama cambió radicalmente desde que Constantino, en el año 313, concedió el llamado Edicto de Milán, que reconocía la libertad de acción para los cristianos. Aunque posteriormente hubo algunos retrocesos (el emperador Juliano el Apóstata intentó restablecer la primacía del paganismo), Teodosio, a fines del siglo IV, convirtió al cristianismo en religión del Estado romano. Esta situación tenía muchas ventajas para los cristianos, pero también ofrecía graves inconvenientes, pues la libertad de acción de la Iglesia quedaba bastante limitada. El cristianismo continuó su progresión. Llegó a Irlanda, en donde destacó la obra del misionero Patricio, y se extendió entre los godos, una rama de los germanos, gracias a la predicación del obispo Ulfilas, si bien éste difundió una versión herética del cristianismo. Efectivamente, en el siglo IV surgieron interpretaciones doctrinales de tipo herético, las más importantes la donatista, que se difundió por el norte de África, y la arriana. Para precisar la doctrina fue necesaria la convocatoria de concilios, de los cuales el más importante fue el de Nicea del año 325. Del seno del cristianismo primitivo salieron figuras intelectuales de gran relieve, entre ellas Orígenes, San Jerónimo y especialmente San Agustín.
Simultáneamente surgió un arte específicamente cristiano, al servicio de las necesidades de la nueva religión. Antes de Constantino los cristianos se reunían en las catacumbas, que decoraban a base de escenas o figuras que tenían un valor simbólico, como el cordero. Después del edicto de Milán se edificaron numerosos templos, tomando como modelo las basílicas romanas. Por su parte, los sarcófagos nos han legado un rico muestrario de la escultura paleocristiana.

lunes, septiembre 22, 2008

El hombre americano. (Su origen.) El poblamiento en América

A pesar de que se ha avanzado mucho en el conocimiento del pasado indígena americano, sólo hay una idea incompleta, tanto del tipo étnico al que pertenece, como de sus pasos en el poblamiento.
Desde el mismo siglo XVI comenzaron a preguntarse -especialmente los misioneros, por razones obvias- quién era étnicamente el hombre americano, de dónde llegó a América y cuándo comenzó a instalarse en el continente. Como es lógico, de todas estas cuestiones la que más preocupaba era la filiación y procedencia, empeñados en encontrar alguna información bíblica.
ORIGEN DEL HOMBRE AMERICANO. Ninguna cultura ha escapado a los interrogantes sobre sus orígenes, y ante esta cuestión, las culturas primitivas de todo el mundo han buscado explicaciones míticas que relacionasen a los hombres con sus dioses y con unos lugares generalmente distintos a aquellos en los que habitaban. Esta misma pregunta se hicieron los españoles cuando llegaron al Nuevo Mundo, y la cantidad de respuestas que se dieron fue grande. Así resumía José Acosta aquella perplejidad en su obra 'Historia Natural y Moral de las Indias', diciendo -como era el sentir común- no poder negarse lo que la "Divina Providencia enseña", es decir, haber procedido todos de un hombre, y por tanto habrían pasado hombres de Europa, Asia o África a América.
Entre los científicos del siglo XVIII y épocas sucesivas, se ha generalizado la creencia de que los aborígenes americanos eran pueblos muy relacionados con los mongoloides de Asia, que habrían emigrado a América cruzando el estrecho de Bering en fechas recientes, quizás durante la última glaciación e incluso en épocas postglaciares.
¿Quiénes eran las gentes que poblaron América? Para la mayoría de los antropólogos físicos se trataría de elementos mongoloides, aunque también parece evidente la presencia de rasgos físicos de características australoides, melanesoides e incluso caucasoides, que quedan recogidas en las diferentes teorías planteadas en época reciente:
1.Teoría autoctonista, de F. Ameghino.- Florentino Ameghino fue el máximo representante del autoctonismo, hasta el punto de que hizo arrancar de la pampa argentina la cuna de la humanidad. Halló unos restos en unas capas muy antiguas y pensó que se trataba de restos humanos, bautizándolos con el nombre de Prothomo Platensis. Según él, este hombre habría poblado no sólo América, sino que desde allí habría pasado a Asia -dando lugar a la raza amarilla- y a Europa; este grupo europeo se habría dividido en dos ramas: una de ellas evolucionaría por la vía de la "bestialización" y sus restos estarían representados por la mandíbula de Mauer. La otra rama evolucionaría hacia la "humanización" dando lugar a la raza blanca y al Homo Sapiens.
Si bien en su momento fue aceptada, después se vio que los restos encontrados estaban mal datados y que había mezcla de restos humanos y de animales, por lo que a comienzos del siglo XX fue rechazada. No obstante, el mérito de la misma está en que dio una respuesta y obligó a realizar investigaciones que la apoyaran o la rechazaran.
2.Teoría del origen unirracial y asiático, de Alex Hrdlicka.- El enfrentamiento entre las teorías autoctonistas y las contrarias se produce en 1910, en el Congreso Internacional de Americanistas celebrado en Buenos Aires. La idea triunfante en este congreso defendió, por una parte, que el continente americano era muy reciente, y por otra, el origen asiático del indígena americano. Así pues, se consolida la teoría española, que el propio Las Casas generalizó en la Apologética, de que los indios procedían de Asia. Se defendía que un grupo de mongoloides asiáticos habría pasado en fecha no anterior al 5000/4000 a.C. y habría poblado el continente con exclusividad, dando origen a la gran variedad de los pueblos americanos actuales.

Culturas precolombinas

La cultura llevada por estos primeros pobladores era poco evolucionada y tosca -según los defensores de esta tesis-, y el paso lo habrían realizado a través de Bering. También se defendía una base étnica idéntica para todos los indios americanos. Es precisamente en este punto donde se produjo la reacción, ya que una sola raza no podía haber dado lugar a la gran variedad étnica, somática, etc., americana.
3.Tesis del origen múltiple de los amerindios, de Paul River.- La idea expuesta anteriormente será atacada por Paul River, el cual se opone a la uniformidad del hombre americano y expone sus teorías marcando nuevas corrientes, en las que acentúa el origen múltiple. Admite que la corriente mayoritaria de pobladores hacia América estuviera formada por gentes mongoloides, pero no serían los únicos pobladores que llegaron a estas tierras, sino que se les uniría el componente malayo-polinésico y el australoide. Con respecto al paso de estos últimos se planteaba el problema de su escaso conocimiento de técnicas marítimas y la no posesión de embarcaciones, problema que solucionó diciendo que habría utilizado para su paso las embarcaciones de los malayo-polinésicos. Pero pronto cambió la explicación por la de Mendes Côrrea, que defendía el paso a América a través del continente Antártico, en un momento en el que las condiciones climáticas eran diferentes a las actuales.
Con respecto a los malayo-polinésicos, su paso no plantea problemas por ser buenos marinos, con embarcaciones y técnicas avanzadas. Según River su paso sería posterior al de los australianos y anterior al de los asiáticos. Después se habría superpuesto la llegada de los mongoloides, que al ser muy numerosos, habrían dado cierta uniformidad. Tras la llegada de los mongoloides se habría producido una última oleada, cuyos representantes más conocidos son los esquimales.
La importancia de esta teoría está en que concierta la uniformidad exterior y la diversidad interior.
Además de estas teorías existen otras, como la de Imbelloni, autor que defendió que cada grupo étnico en América fue resultado de la emigración de una oleada distinta de gentes extraamericanas, y que según él serían siete. Es quizás la teoría más completa y compleja, aunque no responde a todos los interrogantes planteados sobre el origen del amerindio y del poblamiento. Otras teorías son las de J.B. Birdsell y la de P. Bosch Gimpera, que a pesar de tener alguna relevancia tampoco solucionan los problemas planteados.
CONCLUSIONES SOBRE EL ORIGEN Y EL POBLAMIENTO DE AMÉRICA. A pesar de la gran cantidad y variedad de teorías existentes no hay todavía una respuesta que dé solución a todos y cada uno de los interrogantes planteados. En principio está arrinconada la teoría del autoctonismo del hombre americano. Se admite que su origen estuvo en un tronco premongoloide del Asia oriental, que llegaría a América en varias oleadas; lo único que se sabe de fecha cierta, es que antes del 35000 a.C. ya ha llegado al sur de Estados Unidos, ya que en Lewisville se ha encontrado un yacimiento en el que aparecen industrias líticas.
El camino admitido para el paso es Bering, con unas condiciones climáticas diferentes a las actuales; la gente pasaría siguiendo la caza, pero no conscientemente, por lo menos en un principio.
Los primeros inmigrantes tendrían una cultura muy inferior. Sobre estos grupos se superpondrían nuevos grupos de invasores, siendo los esquimales los últimos en llegar. Una vez poblado el continente y cerrado el paso por Bering, hubo una gran dispersión y formación de grupos pequeños, lo que llaman los arqueólogos bandas, que serían nómadas. Esta dispersión es lo que explicaría la diversidad lingüística y étnica posterior.
A pesar de estar separados, hay relaciones entre ellos, y así, los descubrimientos realizados se trasladarían de unos grupos a otros, aunque pudiesen existir núcleos marginales. También algunos autores admiten la existencia de contactos transpacíficos y transatlánticos, incluso en épocas medievales, con lo que trata de explicarse la gran diferencia cultural de los mayas -que serían gentes de origen indonésico- con los grupos primitivos. Pero esto es ya otra cuestión: el difusionismo o el antoctonismo de las culturas.
La antigüedad del poblamiento varía, dependiendo de la aceptación o no de los restos en que se apoya, aunque la mayoría de los prehistoriadores americanos aceptan como fecha de una primera oleada el 40000 a.C., y de una segunda hacia el 25000 a.C.