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Historia en Libertad

lunes, julio 14, 2008

Los reinos germánicos y el nacimiento de las nacionalidades

Cuando el último emperador romano fue destronado, sus territorios se disgregaron en varios reinos dominados por los pueblos germánicos. Se les llama, por ello, reinos germánicos, y los más importantes fueron: el de los ostrogodos en Italia, el de los visigodos en España y el de los francos en la Galia.

Europa a principios del siglo VI

Comienza entonces un nuevo periodo de la Historia, que se denomina Edad Media, porque está entre la Edad Antigua y los Tiempos Modernos. Dura desde el siglo V al XV.
Como los pueblos germánicos tenían una cultura inferior a la romana, pronto los dominadores fueron a su vez dominados por el espíritu romano, y así adoptaron el Cristianismo como religión y el latín como lengua. Por lo tanto, la cultura de los reinos germánicos es una derivación de la cultura romana, aunque empobrecida.
Del mismo modo, la economía deriva de la economía del Imperio Romano: las ciudades son muy activas y se practica el comercio por el Mediterráneo, pero como las industrias van decayendo, también decae el comercio, pues cada vez hay menos cosas para comprar y vender. Las guerras entre los distintos reinos dificultan los transportes y hacen peligrosos los caminos. Poco a poco, la economía se va empobreciendo, como la cultura, y va quedando reducida casi exclusivamente a la agricultura y la ganadería.
EL IMPERIO BIZANTINO. Mientras esto ocurría en el occidente de Europa, el Mediterráneo oriental seguía siendo un importante centro comercial, dominado por el Imperio Romano de Oriente, o Imperio Bizantino, porque su capital era Bizancio.
Los bizantinos tuvieron su época de mayor esplendor en el siglo VI, durante el reinado del emperador Justiniano, quien realizó algunas conquistas en Europa occidental y se preocupó por el desarrollo artístico.
Constantinopla, o Bizancio, fue durante la Edad Media la ciudad más próspera y rica de Europa; a ella llegaban las mercancías de Oriente (tejidos, perfumes, especias), pieles de Rusia y metales de Europa, que distribuía por todo el Mediterráneo.
Aunque el Imperio Bizantino se mantuvo hasta el siglo XV, fue perdiendo territorios y poder desde que en el siglo VII aparecieron en la Historia los árabes, grandes conquistadores.
EL REINO FRANCO. El reino de los francos en la Galia fue muy extenso. Ocupaba no sólo la Francia actual, sino también territorios de Italia, Suiza, Alemania, Bélgica y Holanda. Su rey Clodoveo se convirtió al catolicismo a fines del siglo V, y con ello consiguió la adhesión de los galorromanos, constituyendo así un reino fuerte y poderoso.
Sobre el derecho romano que hasta entonces había imperado y que conocía las leyes de sucesión y de herencia, predomina ahora el derecho germánico y los reyes reparten sus reinos entre sus hijos como si fueran propiedades patrimoniales.
A principios del siglo VIII, sube al trono una nueva dinastía, que recibe el nombre de carolingia porque su rey más importante fue Carlomagno, gran figura de la historia europea. Carlomagno conquista extensas tierras de Europa occidental: gran parte de Alemania, Norte de Italia, y aspira a dominar el Occidente europeo, pues se considera heredero del Imperio Romano y quiere rehacer su autoridad. Por ello, se hace coronar emperador por el Papa en la noche de Navidad del año 800.
EL NACIMIENTO DE LAS NACIONALIDADES. Pero en realidad, el sueño de Carlomagno no se cumple, porque después de su muerte resulta muy difícil mantener la unidad de su Imperio y la autoridad del emperador franco no es respetada en toda Europa como había sido la de los emperadores romanos.
El hijo de Carlomagno, Luis el Piadoso, divide las tierras del Imperio entre sus tres hijos. Al primogénito, Lotario, le deja el título imperial junto con los territorios italianos y el valle del Rin. A Carlos el Calvo las tierras occidentales y a Luis las orientales.
Contra el emperador Lotario se levantan sus hermanos, que le vencen y le obligan a firmar el tratado de Verdún. Este tratado es muy importante, porque se considera que es el comienzo de las nacionalidades europeas: nacen a partir de ahora los países que se denominarán Francia, Italia y Alemania.

Tratado de Verdún

Sin embargo, la idea imperial no se pierde, pues después del fin de la dinastía carolingia Otón I de Alemania obtiene el reino de Italia y se hace coronar emperador en el año 962. Nace así el llamado Sacro Imperio Romano-Germánico.
LAS NUEVAS INVASIONES. Pero cuando parece que Europa está estabilizada y ha encontrado su camino después de la caída del Imperio Romano, se inician nuevas invasiones de pueblos bárbaros que serán muy difíciles de contener. Ya en el siglo VIII los árabes han conquistado la Península Ibérica, y han intentado penetrar en la Galia.
Aparecen después los normandos, hábiles marinos, que procedían de la península escandinava y saqueaban constantemente las costas atlánticas europeas, llegando a penetrar en el Mediterráneo. Los normandos se establecieron principalmente en el norte de Francia, en la Gran Bretaña y en Sicilia.
En el siglo X aparece un nuevo peligro en el este de Europa: son los húngaros, que penetran hasta tierras francesas; aunque vencidos por Otón I se establecen al fin en la llanura que de ellos llevará el nombre de Hungría.
Ante estos peligros, la organización creada por los carolingios se deshace, los condes se convierten en señores casi independientes, que gobiernan hereditariamente su condado, y Francia, Italia y Alemania se dividen en numerosos principados. Está naciendo el feudalismo.