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Historia en Libertad

viernes, junio 27, 2008

El faraón

El poder político descansaba en el faraón, a quien se le atribuía carácter divino (era un dios en vida). Él era la fuente de la prosperidad, el legislador supremo, el que dispensaba la justicia, el jefe de los ejércitos y el máximo sacerdote. Residía en una corte muy suntuosa. Aunque a veces acudía a partidas de caza, por lo general vivía aislado. En su atuendo llevaba la mitra blanca y el gorro rojo, símbolos, respectivamente, del Alto y del Bajo Egipto, es decir, del valle y del delta. En la ceremonia de coronación, que se celebraba en la ciudad de Menfis, el faraón realizaba un recorrido que simbolizaba la supuesta vuelta del Sol alrededor de la Tierra.
Al lado del faraón se hallaba un grupo de colaboradores, especie de ministros, encabezados por un visir. Todos ellos eran reclutados entre los miembros de la nobleza. Desde la corte se dirigía con gran minuciosidad la vida del país, especialmente el cobro de los impuestos, que permitía al faraón acumular enormes riquezas. En estas tareas participaban los escribas. Es cierto que, en teoría, toda la actividad del faraón se justificaba por la alta misión que tenía que cumplir: cuidar del bien de la comunidad. Pero, en la práctica, el despotismo faraónico y la explotación fiscal del pueblo fueron caracteres permanentes del Egipto antiguo.

1 comentario:

Loba, a Keila dijo...

Olá!!! Do Brasil para o seu blog, mas não deixo muitas palavras para comentar sobre o seu post.