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Historia en Libertad

viernes, julio 11, 2008

La península arábiga, Mahoma y la doctrina del Islam

El Islam nació en Arabia. Era ésta una península semidesértica, con unas pocas zonas relativamente florecientes. Predominaban los nómadas o beduinos, que tenían una organización tribal muy fuerte y una religión animista.
En las regiones húmedas había sociedades más desarrolladas, especialmente en el Yemen, al suroeste. Al mismo tiempo el desarrollo del comercio había permitido el nacimiento de algunas repúblicas de mercaderes, por ejemplo, en La Meca. Así, junto al tradicional mundo nómada se había constituido una economía mercantil, lo que había permitido disolver la sociedad tribal y batir en retirada a la religión animista, dando paso en su lugar a religiones de tipo individual, como el judaísmo y el cristianismo. Pero éstas eran ideologías extranjeras, ligadas a las potencias en lucha por el control del mercado árabe. Se necesitaba un estado genuinamente árabe, guiado por una ideología propia, adaptado a las nuevas condiciones existentes pero suficientemente próximo al mundo beduino.
MAHOMA Y LA DOCTRINA DEL ISLAM. En este ambiente nació Mahoma, a fines del siglo VI, en La Meca. Pertenecía a la rama más pobre de una tribu de la ciudad. Después de una vida difícil, a los veinticinco años entró al servicio de una rica viuda, Khadija, con la que se casó. Mahoma se retiraba con frecuencia a meditar en la soledad. Un día tuvo el convencimiento de que se le había aparecido el arcángel Gabriel y le había ordenado predicar. Mahoma se creyó elegido por Allah (la divinidad) para recitar las revelaciones que le transmitían Gabriel o el espíritu divino. Mahoma hablaba de la proximidad del juicio final y proclamaba la necesidad de someterse a la voluntad de Allah y obedecer sus mandatos.
El año 622 abandonó La Meca, dirigiéndose a otras ciudades (es el comienzo de la hégira o era de los musulmanes). En Medina desarrolló una importante labor como jefe teocrático. Entró en lucha con los de La Meca hasta que el año 630 consiguió regresar triunfalmente a su ciudad. Poco después moría, pero su doctrina se había difundido con enorme rapidez por Arabia.
La religión islámica se caracterizaba por la simplificación de sus conceptos teológicos, la rigurosidad de sus principios éticos y la esplendidez de las promesas que se ofrecían al fiel. La doctrina era de fácil comprensión, pues se basaba en el monoteísmo más puro. Mahoma era un simple profeta que transmitía la palabra de Dios, pero no compartía su divinidad. El fiel debía de someterse a la voluntad de Allah (Islam significa sumisión) y cumplir un código de conducta, que incluía la profesión de fe, la oración, el ayuno, la limosna y la peregrinación. El cielo que esperaba al creyente era de una gran atractivo, con abundantes placeres. El texto que recogía los preceptos divinos era el Corán, compuesto después de morir Mahoma. El Islam no prescribía un sacerdocio especial. El califa era el dirigente de la comunidad religiosa y, por tanto, el jefe político máximo. Se admitían los esclavos y la vida social se fundaba sobre la noción de comunidad.